El Señor Jesús fue el primero que clamó desgarrándose en su alma para poder hacer la voluntad del Padre.
Para ser algo en Dios, primero nos tenemos que vencer a nosotros mismos.

Colosenses 1:21

1:21 Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado


Las almas que no experimentan la gloria de Dios, son extraños en sus propias mentes. Pero si entramos en Cristo, Él nos hace suyos. Los que se renuevan son los que por el Espíritu hacen morir lo que es viejo. Es cierto que Jesús puede ser “palpado” por algunos y abrazado por otros.
¿Bajo que efectos nos encontramos? ¿Somos poseídos por su Gloria o somos controlados por nuestra mente? Debemos pasar por ungimientos para poder ministrar al Santo de los Santos. No falte el ungüento sobre nuestras cabezas.
A muchos les cae la unción pero como no están preparados, ésta no hace impacto en sus vidas.
Nuestra mente solo se puede someter por medio de la Palabra.
Él corrige nuestro destino por medio de ser introducidos en su Presencia.
Hay que estar agradecidos al Señor por dejarnos ver los días de estas manifestaciones de gloria.
Cuando Juan en el Apocalipsis cayó como muerto ante el Ángel equivale a que fue vencido por la mano de Dios. Pedro, el apóstol, también se sintió vencido por la mirada de Jesús.
Él que es sensible espiritual, dice si a todo lo que Dios le comparte.
Nosotros debemos caminar vencidos por el Espíritu Santo.
Él escudriña lo secreto de Dios y nos lo revela. Según el “voltaje” de la gloria de Dios cuando viene a la reunión, debemos saber acercarnos pues podemos incluso morir.
¿Cuál es el nivel de concentración que Jesús nos enseño? Fue una congregación (La de sus discípulos) la que vio y vivió en primera persona lo que era comunión y concentración entre Jesús y su Padre.
El Señor Jesús visita a los que conoce. Tiempo de visitación quiere decir complicidad entre dos que se conocen íntimamente.
Cuando un corazón es visitado en excelencia por la Presencia, ya nunca más vuelve a ser el mismo. La visitación es señal de rapto o arrebatamiento. ¿Cómo nos vencemos a nosotros mismos?

1 Corintios 9:26

9:26 Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire,


Lo primero es siendo diligentes para obedecer a Dios y entonces lo invisible se hará visible.
Lo segundo es permanecer en el Rio de Dios. Los que se humillan, Dios los levantará para ponerlos a su lado.
¡Que mayor recompensa puede recibir un hijo! Que la de estar al lado de su Padre.
A los humildes Dios los corona de favores y misericordias sin número. Los humildes tiemblan ante su Palabra y entonces, el Ángel del Señor acampa alrededor y los defiende.
Cuando la carne cae y desaparece (nos referimos al velo de la carne) entonces el espíritu sube y se manifiesta como una ofrenda perfecta. Nuestro espíritu anhela perseguir a Jesús arrebatarlo para que pose y more en nuestro templo.
“No fijemos nuestra mirada en las sombras que hay a nuestro alrededor y miremos hacia arriba de donde desciende la Gloria de Dios”.
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