Para los que estamos en Cristo, dentro de nosotros tenemos dos naturalezas; una es la que nos dieron nuestros padres y otra la que nos ha venido de arriba.

El alma debe prestar atención al castigo, sin corrección el hombre natural continuará siendo carnal.
En el mundo nuestra alma no va a ser corregida, sino que se le alimenta conforme a sus apetitos carnales.

Nadie desde Adán hasta el último hombre en la tierra se parecerá a Jesús. Lo que es el Hijo para el Padre,  no tiene comparación con nada de lo creado en la tierra.

La vieja vida se le llama a todo lo que pertenece a la carne. Un creyente carnal no prospera; pues no vive en lo sobrenatural. En los creyentes espirituales-sobrenaturales no tienen recuerdos o sedimentos del pasado.

Isaías era un profeta que se inspiraba y honraba de los sedimentos pecaminosos del mundo.
Él se reconoció como hombre muerto, pues sabía bien que en su interior (labios) estaban contaminados sus sedimentos.

Él se dejó limpiar y purificar por el fuego del altar de Dios. Si dejamos paso a los sedimentos viejos (pensamientos carnales) aunque recibamos la palabra Preciosa, no hará efecto en nosotros, pues dichos sedimentos será tropiezo para que los frutos del Espíritu resplandezcan y produzcan.

Hablar por el Espíritu equivale a que el Ángel tome carbón del Altar de Dios y purifique quemando nuestros viejos sedimentos. Nuestra actitud frente al Ángel determina si Dios contará con nosotros.

Tener a Cristo nos hace espirituales pero solo echar fuera al hombre viejo nos dará la espiritualidad.
La Sangre de Jesús tiene que entrar en todos los rincones de nuestra persona para que nos podamos sentir perdonados.

Lo que recibimos a base de pagar un precio muy alto, no es fácil que nos sea arrebatado.
Si la palabra que se nos predica, solo se queda en el atrio, de nuestra vida, no recibiremos la restructuración completa de nuestro ser.

El hombre humilde es aquel que sabe poner de rodillas a su alma.

Ana le habló a Dios y le ofrendó a su hijo Samuel. Hoy las madres que aman a Dios por encima de todo, saben traer sus hijos al altar de la congregación cada día de culto, para que el nombre de Dios sea honrado en ellos.

Sansón pensó que lo espiritual de Dios que Él tenía podía tener comunión con las artimañas del espíritu maligno que era Dalila. Pagó muy caro este atrevimiento.

La Palabra real viene a partir en dos desde adentro, la naturaleza que es carne y la que es del Espíritu.
Sansón reveló su fórmula secreta y le fue retirada la fuerza, que únicamente le venia de parte de Dios.

Una vez que se retira de nosotros la Unción, el regalo de Dios, no podemos esperar ver ningún triunfo más. El mensaje que trae el Pastor, equivale a un carbón encendido tomado del Altar de Dios, que debe tocar nuestra boca para limpiarnos.

La Palabra de Dios se enciende como tipo de carbones encendidos y el Señor nos los hace llegar para purificarnos y que le adoremos.

Cuando decae nuestro semblante es porque le giramos la cara a la Palabra y su Espíritu no puede crear vida en nosotros.
Cuando la sal de la Palabra no mora en nosotros estamos en corrupción.

“Un creyente espiritual-sobrenatural es lo más grande que pisa la tierra”
IGLESIA CRISTIANA EVANGELICA
SAMARIA
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