El Señor nos dice: el que conmigo no recoge, desparrama y el que  comete fraude en mi casa, lo saco fuera.
Tenemos que estar vivos como el evangelio  lo está. Un evangelio muerto y religioso no se siente ni se vive en la profundidad del Reino de Dios.

El que se mueve en tal evangelio no saldrá de rituales y sistemas sociales mundanos o incluso de tinieblas, para muchos y diría, para millones de cristianos se mueven en está visión y delimita su techo espiritual no sobrepasando el nivel de las aguas del Espíritu en los primeros mil codos, llegando al limite de los tobillos
(Ezequiel 47  “las aguas salutíferas”).

El sentir de estos creyentes es que ya tienen a Cristo y ya les va bien como están. Son cristianos que sienten un refrigerio y una unción, pero la realidad es que sólo caminan con Jesús, pues no tienen la plenitud del Espíritu (no están llenos). Estoy hablando de personas que no avanzan y sus ojos sólo ven su mundo que es religioso y no entienden ni comprenden cuando se les cruza un pequeñito (un diminuto átomo espiritual) miembro de la iglesia y que está vivo en Jesús y les habla del evangelio u otra cosa en relación a Él.

Cuando esto acontece, se sienten incómodos sacando faltas con argumentos como que es un exagerado, un  fanático y poseído de fantasías, argumentando que el Señor no es como lo describe ya que Jesús es bueno y me ama como soy. La conversación puede llegar a menospreciar al que le exhorta. Como estoy diciendo estos creyentes no tienen plenitud en el Espíritu por arrastrar en si mismos problemas de envidia, de celos, de odio, de amargura, de pereza, de orgullo, de falsedad y religiosidad.


El que es espiritual en Cristo, dice San Pablo, no puede ser juzgado por nadie pero él si puede juzgar a todos. Una persona espiritual no es religiosa y se nota por sus frutos y modos de comportamiento como ser amable, abierta, no legalista, llena de comprensión con sensibilidad, actúa, trabaja, da apoyo, podríamos decir que es  un todo terreno.

Cuando un creyente supera los primeros mil codos y las aguas suben por encima de los tobillos llegando a las rodillas (mil codos más) hay un gran cambio en el creyente pues el Señor puede trabajar en él. El significado del agua hasta las rodillas es porque has doblado tus rodillas espirituales a Cristo y estas rodillas son el orgullo propio de la persona (
ya no vivo yo, vive Él en mí) Cuando el Señor ve nuestra humillación, sabe que estamos maduros para empezar a moldear nuestro ser.
Ser discípulo es una transformación, es ir de mil codos a otros mil codos, de un nivel espiritual a otro nivel más alto, avanzando codo a codo (un codo es igual a medio metro y mil equivale a quinientos metros).

En los próximos mil codos las aguas cubren  los lomos o pecho, lugar donde cuesta mantenerse en equilibrio por la corriente del río que nos quiere arrastrar. Puedes luchar o dejarte llevar (el significado es que te dejes llevar por la corriente del Espíritu Santo). Llegando a esta profundidad espiritual San Pablo nos deja una palabra para entender en que nivel estamos:
1ª Corintios, capítulo 2, verso 9, que dice: cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre son las que Dios a preparado para los que le aman.
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