IGLESIA CRISTIANA EVANGELICA
SAMARIA
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viernes a las 19:00 h (culto de oración) 
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MUSICALES DE SAMARIA
HORARIO DE CULTOS
LA PASION
POR TI Y POR MI

LA PALABRA PONE ORDEN EN NUESTRA VIDA

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Necesitamos la Palabra de Dios en nuestra vida
Aparentar una espiritualidad y no estar en realidad si quiera en el segundo nivel de fe, quiere decir que se vive en
una religiosidad muy peligrosa. 
Dios no levanta ministerios individuales, sino que los ministerios los da el Señor para trabajar en el cuerpo.
La humildad es necesaria para ejercer cualquier cargo, por pequeño que sea. Si no aprendemos de Jesús la
humildad que Él tenía, no seremos espirituales reales. 

Humillarnos por dentro (sacando lo inmundo) entonces repercutirá en las cosas externas.
En el cielo no hay nada revuelto, todo está ordenado según el mandato de su Palabra. Quien no busca el reino de los
cielos le dará igual se hay uno, dos o tres o más cielos, igualmente no se esforzará en la humildad, e incluso puede
que caiga de la salvación. 
Los que se preocupan en alcanzar la humildad, tienen más facturas pagadas que aquellos que cuestionan o
menosprecian la Palabra del Pastor.

Con el Espíritu Santo hay que cumplir al cien por cien, para que su comunión sea perfecta. Al cien por cien
quiere decir que celan con pasión todo lo que proviene de Dios. 
Leyendo libros de espiritualidad no se alcanza la humildad. Mi cuerpo se mueve por órdenes divinas no por
conocimiento natural. Si cometemos errores, en cuanto a hablar o hacer las cosas separados del Guía o Sacerdote,
seremos apartados y desaprobados por Dios. 

En la carrera, cuando conducimos un vehículo, dependiendo del tipo de falta que cometamos, así será nuestra multa
o castigo. Igual en el camino cristiano, dependemos de nuestro padecer así será nuestra recompensa. 
Nuestro examen es continuo, una prueba no define nuestra espiritualidad, ni nuestra humildad, en realidad estamos
siendo probados de forma continua.

Los niveles en los cielos se miden según nuestra estatura de amor espiritual. 
En la madurez no podemos precipitarnos y creer que todo es dar órdenes estudiar. La Santidad no es para los que
están en el tercer reino hacia arriba, en realidad desde que nos convertimos debemos buscar la Santidad con ansia.
Los que quieren imponer su “espiritualidad” a base de imposiciones de legalismos, eso es más carnal que incluso los
que no tienen a Cristo.
Una persona que quiere colaborar a nivel ministerial, debe practicar la humildad verdadera, desde la obediencia. 

Saltarse los órdenes establecidos por Dios, puede resultar en una ruina para la casa entera de los que lo
practican. 
Si no hay una disciplina de vocación, que rebosa en toda la manera de vivir, no seremos aptos para reinar con Él. 
Para que la herida que tengo se me sane, no debo tocarla. Las heridas que tenemos en el alma, son vendadas por el
pastor, pero si no las cuidamos y no las tocamos, no sanan. La crítica y la murmuración destapan las vendas y hacen
que la infección se vuelva a reproducir rápidamente. La infección es la maldición y sin sacarla, Dios no puede
moldearnos. 

Salmo 109:16

Por cuanto no se acordó de hacer misericordia,
Y persiguió al hombre afligido y menesteroso,
Al quebrantado de corazón, para darle muerte.
Muchos han amado más la maldición que la vida, esto quiere decir que todo lo que tocan les sale mal. La
maldición es una cobertura de gusanos que no puede desaparecer a menos que nos dejemos limpiar por la palabra.
Gálatas 3:10

Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que
no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.
Todos los que dependen de las obras de lo natural y no de las cosas de arriba están bajo maldición. El mismo orden
que Dios tiene en los reinos, Dios lo demanda en nuestra vida. Para llegar al paraíso, el precio lo pagó Jesús, pero
para llegar al primer reino, segundo, tercero, lo tengo que pagar yo con mi vida. 
Dios lo ordena todo desde su perfección. El precio que Él pone, es que circuncidemos nuestro corazón y saquemos
toda inmundicia. Hay cuatro precios a pagar: el Paraíso, pagado por Cristo y los demás por cada uno de aquellos que
se lo propone con firmeza.

Dentro llevamos la primera generación de Adán y por ello nos atrae tanto el salirnos de la disciplina de Dios. 
Ahora en el nuevo Adán (Cristo) todo empieza a estar en orden conforme a lo que yo controle el pecado que sale de
mi boca. El cielo hay que empezar a gozarlo aquí en este tiempo. Mirando las llagas de Cristo, entenderemos el orden
y la gloria que hay en los cielos. 
Dios se manifiesta cuando ve un verdadero anhelo, desde el corazón que se ha limpiado.
Por conocer y entender todos los misterios, ser personas de oración y ayuno, contemplando cara a cara las
escrituras pero sin el amor reinando dentro, no le conoce.
La boca del justo (Cristo) estaba llena de toda buena dádiva, y ahora todos los que andan en justicia serán colmados
con la revelación del hombre manso y humilde. La ley no es de fe. Nosotros debemos fijarnos en Jesús quien abolió
la ley. En el monte de la transfiguración, Moisés apareció en segundo lugar y la voz del Padre dijo “este es mi hijo
amado, a Él oíd” Moisés quedó en un segundo plano. Los religiosos quieren poner a Moisés en el primer lugar y esto
ofende a Dios. 

Lo más bajo de un creyente es ser desagradecido, ante la bondad de Dios, los agradecidos permanecen con la
comunión, con el respeto a la Palabra, etc. La única respuesta válida al desagradecimiento es abandonar el orgullo y
ser humildes de corazón. La lucha de los pastores verdaderos es que los miembros gocen de privilegios allí en
Gloria, para esto primero tenemos que sacar hasta la maldición más escondida que pueda haber.

Mi vida lo vale todo pero por una murmuración puede tirarlo todo a la basura. Vivir para estar en el Paraíso no
necesitas tener proyectos o planes de futuro. Es puro conformismo y falta de anhelos por las recompensas del cielo. 
La fe, las ganas de vivir, deben contrarrestar toda depresión. La fe me hace tener privilegios que a los ojos de los
demás parecen inapreciables pero a mí me ayuda a crecer.