Jesús es el único invisible e inmortal. Nosotros, cada uno de nosotros somos jefes en cuanto liderar adoración a
Jehová. Dependemos cien por cien de su suministro a nuestro espíritu. En la eternidad no podemos medir tiempo. Si
vivimos en el espíritu es como si el tiempo pasa mucho más lento. Hermanos cuerpo aparentemente cinco minutos y
al regresar han pasado cinco años o más.

Mediante la Fe podemos entender las cosas del cielo, pero mucho más importante es, si yo entraré en el cielo.
Los adoradores que el Padre busca, no se van a quedar en la Nueva Jerusalén, sino que estarán arriba a la Morada
del Padre.

En el Antiguo testamento no existían los adoradores espirituales porque aún no se había derramado el Espíritu Santo.

Todos los que están muy arriba en los reinos, son de gran valor porque son muy influyentes en la vida celestial. Estos
son los elegidos de Dios y no deben retroceder nunca. También es necesario que oren por la prosperidad espiritual
en la Iglesia. El estar en su Presencia hace que las guerras mentales se desvanezcan.

Los dos grandes amores de un adorador son: primero el Señor y después la Iglesia. Por ambos dará su vida el
adorador. Todo lo que sucede entre adoradores está rodeado de fragancia celestial. Un adorador solo se reclina en el
hombro de Jesús, y a estos el Maestro le comunica sus secretos. En medio de la murmuración le damos poder al
diablo. Pero cuando cubrimos con el clamor de intensidad, el Señor responde trayendo unidad.

Muchos le dan a Dios un servicio en la Iglesia, realizan trabajos y se esfuerzan pero si en medio cobijamos críticas y
murmuración delegamos a Satanás para que gobierne. En el Espíritu tenemos que ser honrados, y si algo hemos
tomado sin permiso, debemos devolverlo. Hasta que no entramos en la auténtica santidad, no le vemos a Él.

Nosotros recibimos los sueños que un día le presentamos al Señor. Los ángeles se encargan de hacerlos reales y
los traen a aquellos que los soñaron una vez. Los corazones sensibles y llenos de lágrimas son los que Dios mira.

Efesios 1:4

según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,

El Señor nos escogió en Él mismo. ¿Quién son estos? Los que están aceptando la disciplina. Cuando la superen,
verán el resultado en todo su ser. La idolatría más fuerte es cuando los hombres se hacen ídolos o los hacen otros.
Este mundo está más lleno de ídolos que en la antigüedad misma.

El fútbol es una de las idolatrías más fuertes que hoy existe.

Si el Señor nos ha escogido, es para que seamos Santos y sin mancha. Esto corresponde a la última generación (la
misma 1000 pero que pasa a ser la primera).

Para ser profeta de Dios auténtico, tienes que ser muy fiel al Señor, porque una mente un poco descentrada puede
hundir a una congregación entera.

Si un profeta es de Dios, no está bajo su propio control sino que Dios es su preocupación.

Jeremías era profeta y predicador, aun diciendo él: “no hablaré más”, Dios tomó y le quemaba con su Palabra hasta
que éste la compartía con el pueblo.

La primera generación recibe el privilegio de anunciar el rapto del Señor por su Iglesia. La Santidad no es para
predicarla. En el cielo se trabaja con fórmulas para hacer la obra mediante claves que nos tiene que revelar.

Por muchas fórmulas que tengo (frutos del espíritu) si no los pongo en práctica no alcanzaré ninguna meta. El
centurión conocía una fórmula, y la puso en marcha por medio de la humillación, así hizo que el Maestro se
compareciese de su siervo.

La fórmula del centurión con el Maestro fue tan sencilla, como venir, hincar sus rodillas y clamar misericordia, así
obtuvo la respuesta.

El Espíritu Santo es pura gentileza, un beso de su Espíritu es el regalo más grande para un adorador.

Fórmula de cómo ser fiel, de cómo adorar a Dios, de cómo abrir el cielo, etc.

Yo puedo saber quién es el siervo que está delante predicando si me paro y mido su sufrimiento.

Las fórmulas divinas reducen el pecado.

La mujer sirofenicia usó la fórmula de la humildad y así obtuvo la respuesta inmediata del Pastor de las Almas.

Una fórmula puede ser: hacer llorar a Jesús de amor por su Amada. Un cristiano sin fórmulas tiene todas las puertas
cerradas. David dijo: “¿Cómo entraré en tu presencia oh Dios?”.

Si la reunión de los santos no fluye, Dios viene y pide la cabeza solamente del Pastor. Es la responsabilidad del
Pastor abrir las puertas del cielo. Alguien que dice que ya ha llegado al tercer reino, quiere decir que estaría iluminado
y los demás lo verían.

Los enemigos de Dios conocen casi todas las fórmulas. Yo dependo de los milagros de Dios y también Él puede
hacer de mí, un espíritu milagroso.
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El verdadero adorador ama a Dios y a la iglesia