QUIERO LIBRARME DE MI MALDAD

TENGAMOS ACTITUD DE CAMBIAR
Esperamos un programa de bendición y con la esencia de la sencillez.
El Señor se mueve en medio de la armonía y la sencillez. Cuando nos aceptamos tal y como somos veremos
cómo el Señor se fija en nuestras vidas. A él no le gustan las máscaras, es decir, la doblez; por ello debemos buscar
la humildad y la sencillez buscando al Señor de todo corazón.

Cuando tenemos una “careta” Dios no nos acepta así.
En medio de una armonía entonces nos mostramos con la limpieza que el Señor nos mira. Dentro de la máscara hay
mucho protagonismo y lo que hay dentro de verdad no lo dejamos salir.

El Señor nos ha hecho creativas, y eso es una responsabilidad muy importante.
La letra sale dentro de la biblia, pero el evangelio sale de dentro de corazones que lo practican.
Si nos limpiamos por dentro de toda maldad, entonces el Señor puede obrar como es él en verdad.
Solo Dios sabe donde se halla la maldad oculta dentro de nuestro corazón y es imprescindible pedirle que nos la
muestre; y de esta manera poder limpiarnos.

Cuando nos acercamos a él con un corazón sencillo y que está trabajando por esa limpieza, entonces las almas
recibirán esa luz.
Mientras nos esforzamos en limpiarnos, es cuando el Señor está a nuestro lado. La maldad que hay fuera es horrible,
pero la que más nos perjudica es la maldad que tenemos dentro.

Muchas veces, salen ciertas reacciones que nadie se las espera, debida a la maldad que hemos concebido y
albergado. Si no nos plantamos firmes para arrancar dicha maldad, entonces ella; nos come vivos y nos impide ser
testimonio armonizar en nuestras casas. Una manera de sacar la maldad interior es reaccionar con amor y respeto
ante una situación en la que nos encrespan. La armonía hace que muchas veces no “levantemos la mano para
arriba con ira”, sino por el contrario esa armonía “apaga fuegos”.
Una mujer sabia es la que se ha limpiado de su maldad y sabe apagar fuegos que el enemigo quiere encender
continuamente.
Una mujer limpia por dentro y por fuera, será siempre una luz que los demás tomaran de referencia; sin protagonismo
ni orgullos de la carne, sino una disposición a ser más y más limpia.

El Señor permite muchas preocupaciones, pero la que más nos tiene que quitar el sueño es que nuestros
vestidos deben estar limpios y radiantes para el día señalado por el Padre.
Si aborrezco mi maldad, entonces seré llena de paz y satisfacción.
Cuando nos sentamos fielmente con un corazón abierto y escuchamos la voz del Señor por un profeta, pastor, cada
rincón de nuestro interior queda expuesto ante su luz,  y así nos podemos limpiar de la maldad y de la incredulidad.
Deberíamos mirar siempre el testimonio de bondad de las personas, ese será el nivel de la limpieza y de su aceite de
santidad.
En la cruz Jesús cargó con mi maldad, pero es que cada una de nuestras maldades están crucificando al Señor.
Nuestra peor error es la indiferencia a la maldad que cobijamos y que nos impide ser limpias de verdad.
   
Bendiciones a todas las hermanas y amigas.
IGLESIA CRISTIANA EVANGELICA
SAMARIA
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