LA UNIDAD ESPIRITUAL

NO DEBEMOS MEZCLAR LA UNIDAD ESPIRITUAL CON LA MATERIAL
La unidad desde un principio de la que partieron los Pastores, ha sido clave en el desarrollo de Samaria.
Este es mi tema, la unidad. Muchas veces mezclamos la unidad de la carne (comer, pasear, etc.) con la verdadera
unidad espiritual. No tiene nada que ver una con otra.

La unidad de la carne se rompe fácilmente; pero la unidad del espíritu se sufre juntas, se soportan los diferentes
caracteres, etc. Eso lo entienden y lo llevan a cabo los Padres. Los hermanos no entienden ni disciernen las cosas
que suceden, roces, riñas, orgullos. Pero los padres si tienen esa capacidad de discernir y de traer paz, aunque hay
veces que las riñas y las diferencias son más complicadas de lo que parecen al principio.

Un ejemplo de unidad que no se cumple puede ser: vamos a juntarnos cuatro hermanas mañana para orar por la hija
de una de ellas, pero resulta que esta madre piensa por dentro, porque orar por mí hija si en realidad, ¡¡ a la suya le
hace más falta!! Ahí no hay verdadera unidad, y esos dos o tres no tendrán respuesta de Dios. Por un solo
pensamiento, aunque en esa oración derramemos lágrimas, no seremos escuchadas.

En la verdadera unidad somos libres y Dios habita en medio “Padre, que sean uno, como tú y yo somos uno”. El
Señor dijo que “donde hubiesen dos o tres en mi nombre”… no dijo “donde haya una multitud”; ¿Por qué? Porque es
muy difícil estar de acuerdo. Yo como Pastora dijo que si es posible estar en esa unidad. Si nos mezclamos con lo
terrenal y no buscamos sobre todas las cosas vivir en el cielo: estaremos en unidad terrenal y nada más. En la
unidad espiritual y buscando la espiritualidad verdadera, sacaremos todo pecado escondido. En el andar hay riñas y
cosas pero si tenemos ese perdón verdadero no se complicará la amistad.

Si no tenemos unidad nadie se salvará. Ellos verán que somos uno y conocerán al Señor que es Trino.
Andando en el espíritu es más fácil la unidad. Lo que Dios quiere hacer con nuestras vidas, requiere una perfecta
unidad.
En la sociedad hay algo que nos induce a pensar que el perdón no es bueno, pero Dios dice si no perdonamos Él no
está. Las desavenencias hay que eliminarlas y eso se consigue perdiendo. ¡Quien quiere perder en este siglo!

La gente no quiere ser humillada porque va con mucha prepotencia. Cuando conseguimos humillarnos
realmente nos encontramos muy a gusto y en paz. Por experiencia la Pastora Maru puede decir que humillándose en
muchas ocasiones ha descansado muy tranquila por la noche. Yo me he humillado, he perdonado, les he dado
ejemplo, ya no puedo hacer más, siempre una Madre espiritual estará quitando importancia a los problemas que
interfieren en la unidad.

Dios ama tanto a las mujeres, que para bien podemos levantar nuestros hogares hacia Dios, o por el contrario
derribarlos y hundirlos. Debemos ser cuidadosas con nuestro testimonio para que nuestra casa vaya para
arriba; para eso tendremos que “perder mucho”, no una vez solo, sino muchas veces. La madurez de una madre no
le da importancia a según qué cosas que la juventud si le da mucha.

Cuando le damos importancia, rápido viene el enemigo y le echa más leña al fuego. Las mujeres que no tienen
madurez se enfadan fácilmente, dejan de venir a la congregación, etc.  En la unidad carnal se fijan mucho en los
chismes y en las diferencias de la carne y eso es ruina.
La unidad verdadera de las mujeres de Samaria tendría que traer más multiplicación de almas; hemos de dejar de
mirar “nuestras razones” y mirar más los derechos de nuestras hermanas. Poner todo en las manos de Dios lo
saben hacer las madres.

La experiencia de los Pastores cuando viajan a otros países u otras congregaciones siempre tienen esa experiencia
de ser considerados Padre y Madre por el amor y la comprensión que desprenden. Escasean mucho los pastores
espirituales, que tristeza esta realidad.
La satisfacción que tiene Maru al viajar es que la consideren como Madre y sierva de Dios.

Podemos quedar un día para orar temprano a la mañana un grupito de hermanas, Dios verá el sacrificio de madrugar
pero si no hay verdadera unidad, Él no estará en medio.
Aquí en la Iglesia Samaria estamos en ese proceso de Unidad poco a poco sin detenerse en el caminar, pero con
seguridad. No es bueno querer correr para luego tener que parar de golpe. Es mejor pasos cortos, pero seguros y
avanzando pidiendo perdón. Muchos corren y corren e incluso apartan a los que están a su lado pero sin esperarlo,
tropiezan en una prueba y caen a tierra.
El Amor que los Padres en la Iglesia tienen por las ovejas no dejarán a ninguno herido en el camino, sino que detienen
su paso, para aplicar el bálsamo a su corazón.

En la unidad hay verdadera obediencia. El momento malo llega pero si permaneces dentro de la unidad, todo
pasará.
La unidad nos ampara, nos cubre, nos defiende. La pastora se duele con la hermana herida porque se une al
sufrimiento. El calor de la unidad hace que no estés sola. La madre busca a Dios para traer salud en las
desunidades.
La mentalidad de Maru, es la de servir y trabajar con sus manos como una más en medio de la congregación. Esto
sorprende sobre todo a hermanos con una cultura sudamericana porque es distinta la forma que tienen de considerar
a sus Pastores. Muchas veces no enseñamos esa unidad a nuestros hijos, y es importantísimo inculcar esos valores
espirituales desde pequeños.

Los hijos huyen de los padres cuando no viven en la unidad espiritual. Quizás es porque temen que se les corrija.
La paciencia de la madurez lleva a la Pastora a mantenerse en una postura de humildad pero de firmeza.
La meta de Maru es que cuando venga el Señor encuentre a sus hijos preparados en unidad y con la lámpara llena de
aceite.
Hay que velar para que el enemigo no derribe amistades en el espíritu. Una prueba vendrá a familias y amigas
espirituales pero si están en Dios, no podrá el enemigo destruir. Es importante cuando hay una prueba acudir a los
Padres porque ellos tienen la madurez y saben cubrir y aconsejar correctamente.

Bendiciones.
IGLESIA CRISTIANA EVANGELICA
SAMARIA
martes a las 19:00 h
viernes a las 19:00 h (culto de oración) 
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