LA OBEDIENCIA Y EL RECONOMIENTO

TENEMOS QUE RECONOCER PARA PODER OBEDECER
Hablar de la unidad es un tema largo de explicar pero con mucho fruto.

Si no reconozco a alguien no lo voy a obedecer. Lo primero en reconocer, por ejemplo, una virtud o un don que
tiene la hermana. Si reconozco esa virtud estoy en el camino de obedecerle.
En el pueblo de Dios se falla muchas veces en el reconocimiento hacia los Pastores. Se habla de los que siguen de
una manera muy cercana a los pastores y se les juzga. Cada uno tiene una gracia distinta y hay hermanos que saben
estar cerca del ministerio para levantar sus brazos. Por otro lado los demás no reconocen a los que levantan los
brazos del Pastor. En estos reconocimientos debe estar presente continuamente el amor de Dios.
Lo que es de Dios debemos defenderlo. Y las personas que son libres son aquellas que van con la verdad siempre
por delante, pero con educación.

Fuera en el mundo hay una costumbre de vivir con mentiras y eso es lo que triunfa.
Muchos solo cumplen en obedecer a Dios y dicen: “pero yo no sirvo a los hombres”
La verdad de Dios no se acepta normalmente.
Los que luchan por levantar la verdad de Dios evitaran todo lo que es fachada. Los Padres tienen paciencia para que
los hijos aprendan a reconocer. El que va con la verdad tiene paz a la hora de descansar en la noche. El amor de
Dios reconoce las virtudes de los hermanos.

El entendimiento se abre y caen las vendas que nos impiden ver la verdad; hay que dejarse quitar las vendas.
Cuando a veces tenemos experiencias que nos turban debemos acudir a personas maduras (Los pastores en cada
congregación)
Maru como madre de la Iglesia ha visto muchas veces como entre las hermanas ya se han aconsejado sobre temas
un poco serios y cuando ya tienen la opinión de su amiga entonces van a que Maru le diga su versión. Al final se
quedaran con la que más convenga.
Antes de todo hay que contar con el consejo de la madre para asegurarse una salida eficaz del problema.

Muchas veces la pastora (Maru) ha ido a defender a chicas a sus casas porque la situación era muy delicada. Una
madre dará la cara sea cual sea la situación difícil, pero una amiga está limitada y se esconde. Los padres ponen su
vida cuando se trata de defender a una hija. Una madre si le llama una hija que está en urgencias, rápidamente ira a
buscarla para estar con ella.
Todas las mujeres sabemos que Jesús es nuestro Gran Amigo y siempre le buscamos para que nos ayude. A veces
no acuden a la Pastora porque la verdad no gusta y temen que se les quite el capricho de las manos.

Yo tengo una amiga (que también es hija espiritual, es la directora junto a su marido de un centro de rehabilitación)
que muchas veces me ha pedido que vaya a compartir con las chicas enseñanzas de mi experiencia como pastora,
pero en realidad yo no puedo acudir y darle un bálsamo a alguien si necesita una reprensión. Esa labor la dejo para su
madre espiritual que es mi amiga.  Yo respeto y reconozco a mi amiga.

Es costumbre de muchas mujeres de pastores acudir a citas donde se les ha invitado y hacen abuso de autoridad
sobre las mujeres que no son de su congregación.
Nuestra pastora no se debe esforzar para que las demás la reconozcan, ella actúa con esa paz del Señor y somos
las demás las que al reconocer su madurez podremos acudir y ser bendecidas.
Cuando no hay reconocimiento verdadero se suele tapar esa falta con unos ropajes o altivez de ojos esperando
que nos reconozcan por esos medios.

La verdadera humildad reconoce a los demás y sólo los que disciernen a quienes son “los pequeñitos” de Dios, que
son los Pastores y ellos darán cuenta un día delante del Señor por nuestras vidas.
La vida de muchas mujeres en Samaria ha cambiado a raíz de perder esas vendas en sus ojos y aprender a
reconocer a los Pastores como Padres espirituales.

Muchas veces cuando acudimos a la pastora a quejarnos con más o menos motivos sobre problemas con nuestros
maridos, ella nos escucha pero no nos da toda la razón, porque en realidad quiere unir y no le interesa ganarse a esa
hermana sino unir a ese matrimonio. No quiere decir que no se une al dolor de la mujer, y sí que se cree todo lo que le
cuenta. Ella luego clama a Dios por la unidad de esa hermana y Él pone su mano. Maru quiere siempre unir y no salir
ella exitosa.
También debemos reconocer a las hermanas mayores en la congregación porque su experiencia y su sufrimiento
nos enseña mucho más de la vida.
Hacen falta gente joven que aprendan desde temprano ese reconocimiento sincero a la autoridad de los pastores.

Muchas bendiciones a todas las hermanas y amigas.
IGLESIA CRISTIANA EVANGELICA
SAMARIA
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