DIOS SE HACE CONOCER EN EL SILENCIO

 
Dentro de las enseñanzas sobre la Presencia de Dios, podemos entender todo aquello que nos proponemos dentro
de su voluntad.
Las mujeres que temen a Dios siempre han buscado cual era el propósito de Dios para sus vidas. Esto ha
dado lugar a muchas malas interpretaciones por parte de aquellas que han querido sobresalir de entre el resto, para
así alcanzar un protagonismo que les diera fama y mucho reconocimiento.

Los planes de Dios no podemos moldearlos según a nosotros nos parezca. Dios es celoso de la Santidad y por lo
tanto de que se hagan las cosas bien hechas. En su mente no cabe el desorden ni el engaño. Todo lo que se hace
fuera de su voluntad nunca será acompañado de su Presencia. ¿Cuál es el propósito general de Dios para las
mujeres? Para saber que propósito es el que tiene Dios, primero tengo que saber quién soy yo para Él.

LA LIBERTAD DE GUARDAR SILENCIO

En medio de tanta maldad que estamos viendo, es necesario sentir el consuelo de parte del Dios del Cielo.
Toda humanidad tiene el deseo o la necesidad de recibir de Dios. Muchos dicen saber que “hay algo” pues nosotras
queremos trasmitir que “ese algo” en realidad es el “gran Dios bueno”.

Él está siempre en nuestra cama, al lado de nuestra cabecera para inspirarnos esa tranquilidad que necesita nuestra
alma.
La Presencia de Dios el lugar que ocupa en medio de dos amigas de verdad. Él sabe estar en medio de la dificultad
más mala. Él sabe cuál es nuestro compañerismo natural, pero el compañerismo es Espiritual cuando su Presencia
se hace palpable.

La verdadera Santidad es aquella que habita en el temor de Dios. Es imposible sentir su Presencia si no
tenemos Santidad. El temor nos guarda en esa convicción de que Él nos está mirando. Ahí en esa situación nunca
habrá ligereza de hablar, si no que buscaremos agradar a Dios. Muchas mujeres dicen “como el Señor me ha hecho
libre, por eso, yo puedo hablar lo que quiera” Eso es falso. La libertad del te hace vivir en temor de agradarle. Él no
permite que hablemos lo que queramos. El aguanta nuestras palabras  para que no caigamos.
Al pasar pruebas es cuando más necesitamos sentir su Presencia. Si hacemos de la Iglesia un club, no
necesitaremos su Presencia, porque Él se aleja de ahí.

Muchos renuncian a la Iglesia muy fácilmente porque no se han tomado la Iglesia como una verdadera familia.
Todos los que van y vienen con esa libertad no los ha enviado el Señor realmente. Eso no es libertad y ahí no está el
Señor, ni mucho menos, su Presencia.

A una verdadera hija Dios no le da esa libertad para decir o hablar todo lo que quiera; al contrario, nos manda que
aprendamos de su silencio. Él nos dice: Tú guarda silencio que yo estoy aquí. En medio de las injurias que le
gritaban Él guardó su boca de hablar.
Las madres en la congregación saben enseñar a sus hijas a guardar el corazón en silencio delante del
Señor y después a amar a nuestras madres por encima de todo. Necesitamos hijas que amen a sus madres de
verdad y que las escuchen en todo lo que tienen que enseñarles.
Si verdaderamente no aprendemos en silencio a nuestra madre en el espíritu, porque a lo mejor creemos que
nosotras con nuestros títulos o carreras sabemos más que ellas, nunca vamos a madurar, ni mucho menos
llevaremos su Presencia.

El protagonismo quiere sustituir a la Cruz de las Iglesias. Un cristiano con cruz no te deja mirar para ningún lado,
sólo hacia adelante. El protagonismo lleva cruz de “poriespan” y hacen lo que quieren con ella. Esa cruz tan ligera la
usan para hacerse las víctimas y ya está. Pero las hermanas que llevan la verdadera Cruz son aquellas que hablan
poco de su sufrimiento y no se mueven fácilmente de su modo de amar. Otros las malinterpretan y dicen que no es
tan fuerte la prueba que están pasando ¿nosotros que sabemos?
La Pastora habla desde la experiencia de 40 años en el evangelio y ha visto a lo largo de su recorrido  “que no es
como se empieza, sino como se termina la carrera”

Donde no está la Presencia sólo hay justificaciones. Nuestra obligación es callar y aprender de Él en silencio pero
llenando nuestras lámparas de aceite. No querer aprender es porque dejamos de alumbrar y le dan importancia a los
sentimientos.

El Señor llora por nosotros y al no ser perfectos le hacemos llorar muchas veces. Dejar los sentimientos a un
lado no quiere decir que no suframos con los hermanos. Hay que dejarse instruir por el Espíritu Santo, y no se puede
ver la instrucción del Espíritu Santo si están haciendo el mal. El Espíritu Santo no inspira el mal a nadie. Si yo hago lo
malo quiere decir que el Espíritu no me está instruyendo.

Tampoco es correcto que las vidas estén durante años en una congregación y aún se estén quejando como niños
pequeños y en ofensas continuas. Las niñerías te sacan de la Presencia. Aquí estamos para ayudar pero solo a
aquellas que se dejan porque se arrepienten.

La Pastora necesita pedir perdón porque a veces no se siente bien y sabe que ha podido ofender a alguien. Saber
perdonar te abre la presencia del Señor. Cuando el Señor hace cambiar las actitudes es porque estamos
necesitadas de reflejar los frutos del Señor. Así muchas almas están esperando esos frutos para atreverse incluso a
entrar en una Iglesia. Por el mal testimonio muchos no entran al Reino y de eso debemos arrepentirnos las mujeres.
Los frutos de todos se ven en el tiempo. Guarda tu lámpara para que brilles para Él.

Bendiciones.
IGLESIA CRISTIANA EVANGELICA
SAMARIA
martes a las 19:00 h
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