IGLESIA CRISTIANA EVANGELICA
SAMARIA
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LA PASION
POR TI Y POR MI

TESTIMONIO DE UNA JOVEN CRISTIANA

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A Dios no le gusta que llevemos una doble vida
A pesar de que no nací en una familia cristiana, desde temprana edad me convertí y pensaba en Jesús y crecí con la idea
que era una buena cristiana. Realmente no sabía el significado  de estar convertida y por tanto, estaba afirmando ser algo que ni
siquiera sabia en que consistía.

Muchos se piensan que con solo buscar a Dios en domingo ya es suficiente, que mientras llevemos una vida “sin pecado” no
es necesario orar o leer la palabra. Yo era de esos muchos que pensaba así, mi mente me confundía diciéndome que ser creyente
trataba únicamente de ser buena persona. Pero no es posible permanecer fiel en Cristo si no escudriñamos las escrituras o si no
buscamos la presencia de Dios, porque si eso no lo tenemos presente en nuestro día a día nos vamos alejando de sus caminos,
hasta que sin darnos cuenta estamos completamente fríos y sin saber como regresar a Él. Justamente ahí es cuando se empieza a
vivir una doble vida, donde los domingos pones una cara en la iglesia o con los hermanos en la fe y el resto de la semana cambias
radicalmente guardando en un cajón todo lo que tiene que ver con Dios.

Yo comencé a llevar una doble vida (todo dentro de la congregación) en una etapa en la cual mi familia se había apartado de la
casa de Dios. En esa doble vida sentía un vacío en mi interior, creía que nadie me comprendía y que todo me iba mal. El enemigo se
apoderó tanto de mí que llegué a sentir despreció hacia Dios y no hacía más que gritarle y preguntarle porque me tenia que pasarme
todo a mí.

En mi corazón había una gran tristeza. Era tanto el dolor, que ya ni sabia quien era yo realmente.
Empecé a preocuparme solo de poder encajar entre la gente, costará lo que costará y haciendo lo que fuese necesario. Llegué  a
cambiar incluso mi personalidad y mi físico, sin importarme nada lo que pensara Dios de mí, y tampoco si  Él me echaba de su
presencia.

A pesar de todo eso había una parte de mí que pensaba que lo estaba haciendo todo bien y que no tenia que cambiar nada, solo
hacia que repetirme que “Dios tiene misericordia y por lo tanto Él perdonaría todo lo que hiciera mal”. Mi otra mitad, tenía el anhelo de
ver a mi familia en la iglesia, sirviendo a Cristo.

Como he podido ser tan insensata y no haberme dado cuenta que si no hago lo correcto delante de Dios, no puedo ser
recompensada. A veces le pedimos a Dios cualquier cosa y queremos que nos la dé al momento cuando en realidad, si uno no
pasa por pruebas, no pasa por el horno de fuego y no padece no puede ser recompensado.

Pero nada es por casualidad. A pesar de mi doble vida un viernes me presente en la iglesia y me uní con la congregación  en una
vigilia. Una vigilia donde nada más entrar por la puerta podías notar algo fuerte dentro de mi ser. ¡¡Era tan fuerte!! que me metí
completamente en la presencia de Dios: donde mi corazón se quebró y pude ver con claridad mi pecado. Pude sentir que toda
esa tristeza y todo el pasado que me atormentaba salía por mi boca, pude notar una mano en mi cabeza y oír una voz que me decía
no estas sola a partir de ahora vas a cambiar porque es tu última oportunidad. Dios me abrió los ojos y comprendí que la única
razón por la que vivo es para adorarle, para entregarme a él. Ese día era otra persona, mi cara había cambiado, pasé de estar en
tinieblas a estar en la luz.

Empecé a poner a Dios en primer lugar olvidándome de todos los problemas y dejé de afanarme y precisamente en ese instante
Dios me recompensó con lo que mi corazón tanto anhelaba. Mi familia, a través de lo que Dios había hecho en mí, comenzó a sentir
que algo les faltaba y se dieron cuenta que ese algo era Dios. Así que volvieron a la casa del Señor y dejaron todo su pecado atrás.

Ahora he aprendido que no podemos tratar de vivir una vida de rosas porque hay que sufrir para poder ir alcanzando niveles más
altos. Que cada día tenemos que llevar una cruz pero tenemos un Dios grande que no nos deja y nos recompensa al final de cada
prueba.  Me he dado cuenta que no puedo estar ni un día sin buscar su presencia y que no me conformo, cada vez quiero más y
más.
Muchas bendiciones a todos. !!DIOS ES BUENO Y MISERICORDIOSO¡